En su interesante libro La Era de la Velocidad, Vince Poscente, se exponen conceptos aplicables a los tipos de empresas y la velocidad con que se comportan en un contexto marcado cada vez más por la aceleración.
Dice Poscente “hoy queremos velocidad, la necesitamos y podemos obtenerla, todo ello en un plano nunca experimentado antes”. Enfatiza que tanto individual como organizacionalmente hemos perseguido la velocidad pero lo que hace algo nuevo en este tiempo son dos factores exclusivos: la necesidad de velocidad y la capacidad de lograrla.
El deseo de velocidad: nos hemos esforzado por hacer las cosas más rápido y muchos inventores e ingenieros han trabajado intensamente por desafiar la velocidad.
Capacidad de lograrla: Con el boom de las tecnologías que nos permiten alcanzar velocidad, esta ya no es un lujo, es más bien una expectativa. Y, cuanto más conseguimos más parecemos querer. Nuestra tolerancia a las demoras no para de incrementarse a medida que aumenta la expectativa de velocidad.
El autor marca la contradicción que tenemos con la velocidad. Por un lado la deseamos y por otro tenemos ciertas aprehensiones con ella ya que culturalmente se la caracteriza como temeraria, mala e impaciente. Desear la gratificación inmediata es juzgado como inmaduro o irresponsable, equiparándola a una actitud infantil.
Por eso, establece cuatro perfiles de empresas respecto de la velocidad considerando si se aceptan o se resisten la velocidad y si se tienen éxito o fracaso con ella, lo que se ve en la siguiente matriz.

1 Zepelines: Actúan al ritmo de un perezoso y tienen dificultades para maniobrar o cambiar de dirección rápidamente. Son lentas, peligrosas y potencialmente explosivas. Actualmente son obsoletas, no pueden volar lo bastante rápido o remontarse lo bastante alto para la Era de la velocidad. Ven acercarse la velocidad y se sienten amenazadas. Hay muchas organizaciones zepelines, para quienes la demanda de velocidad es percibida como amenaza, más estrés, más trabajo, caos. Ejemplo citado por el autor: Kodak.
2 Globos: Son organizaciones cómodas que no buscan la velocidad y que tampoco la necesitan. Han elegido vivir fuera de la era de la velocidad y buscan o crean entornos en los que hay pocas presiones externas exigiéndoles que aceleren, interactúan con nuestra cultura de la velocidad desde la distancia. Los globos no pueden existir en muchas industrias de hoy por lo que ocupan nichos de mercado en los que sus técnicas especializadas están valoradas con independencia del tiempo que cuestan.
3 Cohetes: Persiguen la velocidad a toda costa, pero su incapacidad para usarla en beneficio propio los hace peligrosamente explosivos. Pueden ir rápido pero no lo hacen de forma inteligente. Sus esfuerzos no siempre van en la misma dirección que un destino claro y por eso luchan por mantenerse en el rumbo correcto. No pueden responder a los cambios en su entorno. En ocasiones su ritmo se vuelve impredecible y con su velocidad incontrolable terminan estrellándose. Ejemplo citado por el autor Dell.
4 Aviones: Los aviones aceptan la velocidad y la buscan activamente. Tienen records excepcionales de llegar a su destino sanos e intactos. Pueden sortear obstáculos sin apartarse de sus objetivos. Controlan el poder de la velocidad y la usan en beneficio propio. Son ágiles, abiertos al cambio y la innovación. Son aerodinámicas, libres de resistencias que retardan las vidas, trabajos y organizaciones de otros. Y están alineadas con la persecución de un objetivo claro y que sea auténtico respecto de sus capacidades, pasiones y entorno. El autor cita como ejemplo a Google.
Siguiendo la descripción del avión, destaca el autor tres cualidades que las organizaciones en la era de la velocidad deben perseguir entonces: agilidad, control de la dirección y alineamiento.
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Lic. Juan Carlos Tagtachian
